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Orientación Vocacional
Mi primer año en la universidad
Los principales obstáculos a sortear
El primer año en la universidad puede resultar una experiencia sumamente difícil. Las diferencias con la escuela secundaria, la falta de preparación para el ingreso a estudios superiores y otros aspectos personales pueden ser parte de la cuestión.
Existen dos grandes desafíos que todos debemos enfrentar: la adaptación a nuevas formas de enseñanza y aprendizaje y el uso extendido de la libertad. ¿Cómo estudio?
Las exigencias universitarias son distintas a las de la escuela secundaria y, por lo tanto, requieren de metodologías y hábitos de estudio diferentes. A continuación mencionaremos algunos puntos clave que deberían ser tenidos en cuenta al momento de iniciar tus estudios superiores:
- Toma de apuntes: en el secundario, la toma de apuntes durante las clases es similar a un “dictado”, donde el alumno escribe todo lo que el profesor dice en clase e incluso pregunta cuando omitió alguna palabra. En el nivel universitario, debido al caudal provisto de información y a los ritmos de intercambio de información, el objetivo en una clase no es tomar nota de todo, sino sólo de aquello que se considera relevante. Para esto, deberás no sólo prestar mucha atención sino también ensayar tu capacidad de discriminación entre lo importante y lo accesorio y, por supuesto, la habilidad de resumir. La mayoría de los profesores comparten en la cursada los puntos que consideran fundamentales de su asignatura y esperan que sus alumnos busquen y lean por su cuenta aquellos datos complementarios. Por lo tanto, no te confíes en estudiar únicamente lo que el profesor dio en su hora, y completá esto con la bibliografía señalada en el programa.
- Organización del material de estudio: seguramente estarás acostumbrado a estudiar un número determinado de hojas de carpeta o de algún libro. De pronto, ese número se ve enormemente acrecentado cuando, ahora, tenés que estudiar varias unidades o libros enteros. Acá es fundamental aprender a organizarte, tanto con el material como con los tiempos de estudio. Estudiar “todo el día” casi nunca es provechoso. Te recomendamos organizarte con un cronograma o algún otro sistema que te resulte útil, respetando no solo el estudio, sino también los horarios de esparcimiento y otras actividades. Para que tu estudio sea óptimo, no importa tanto la carga horaria, sino la organización, la metodología, la capacidad de concentración y la dedicación.
- Nuevos sistemas de evaluación: preguntas abiertas, multiple choice, preguntas relacionales, trabajos prácticos extensos… las opciones son infinitas. Puede suceder que algunos estén habituados a un tipo único de evaluación, por lo que, ante una modalidad diferente, se les dificulta proceder. En este caso, te aconsejamos ser precavido y consultar a otros alumnos que ya hayan atravesado la experiencia y cursado en la misma cátedra. En muchas universidades, hay cuadernillos de práctica que contienen simulacros de examen o evaluaciones anteriores, lo cual puede ser una buena opción.
- Estudio en profundidad: si bien el método de estudio de memoria nunca es eficaz para lo que al aprendizaje concierne, podía parecer una alternativa viable en el secundario, cuando teníamos frente a nosotros un pequeño manojo de papeles. Sin embargo, cuando nos aguardan cientos de hojas, debemos buscar otros recursos que, por un lado, nos ayuden a optimizar el tiempo y, por el otro, logren nuestro objetivo de retener e internalizar los conocimientos a largo plazo. Acá es importante poner en juego todas las técnicas de estudio aprendidas, o buscar ayuda al respecto.
- Estudio previsto: la “técnica” de estudiar a último momento, que podía ser salvadora en el secundario cuando no se disponía de más tiempo para estudiar, resulta poco eficaz en la universidad. La cantidad de material a estudiar y el tiempo de procesamiento que demanda toda esta información requieren de una constancia y disposición mayores.
Libertad, el potencial en tus propias manos
Como ya hemos mencionado, el segundo aspecto que tiene particular significado en esta etapa es el de la libertad adquirida. Por primera vez, muchos jóvenes se encuentran con un planteo cotidiano totalmente diferente al que venían acostumbrados. De la rutina y la seguridad que provee el colegio al mundo de decisiones y opciones que propone la universidad.
Desde la elección de la carrera propiamente dicha, la elección del lugar de estudio, la inscripción a materias, la selección de horarios de cursada, la asistencia a clases, la atención prestada, el estudio para las asignaturas; todo recae sobre una única persona: el alumno. Serán tu responsabilidad, tu capacidad de adaptación y flexibilidad, tu motivación y tu compromiso los que te permitirán tener un desarrollo más estable y placentero en el mundo universitario.
El problema comienza cuando se pasa de la nada al todo, cuando se rozan los extremos y la libertad aparece en la vida del joven de forma abrupta. Por lo tanto, es fundamental que tanto la familia como la escuela apliquen un aprendizaje previo, enseñándoles a los adolescentes a elegir, a pensar, a analizar, a responsabilizarse por las consecuencias, entre otras cosas. Y, por supuesto, dependerá de cada uno, del contexto, de su historia y características personales, cómo utilizará esa libertad.
Sin embargo, más allá de tu propio actuar, lo más importante es que, en caso de que te sientas desorientado, angustiado o perdido, te animes a pedir ayuda, ya sea en el espacio universitario destinado para tal fin, consultando a un orientador vocacional o buscando el consejo de algún tutor o adulto que pueda guiarte.
Seguí leyendo: ¿Cómo reasegurarme si esta carrera es realmente "lo mío"?







